Por: Marcos Cabrera

Siento que es una crueldad regatear por los libros. Unos cuantos títulos que han sobrevivido al olvido por dueños que bien pudieron ser cirujanos. Rayados, remendados, sin la carátula o con ella: rodeada de cinta pegante como una  momia. Aspiro su olor a tiempo, a polilla,  a la humedad de la gotera sobre el librero que terminó dibujándoles un mapa de agua en sus arrugadas páginas. Los abro con las manos de un ciego; adentro: una flor disecada, una mancha ¿de café o de vino?, palabras y frases subrayadas; imagino sus procedencias, sus historias particulares; a uno, lo lee en un vagón del metro una mujer de rostro solitario como si su historia fuera el verdadero destino de su viaje; al otro, lo lee un hombre que mantiene suspendida en el aire una  taza de  café, su mano izquierda a punto de pasar  la última página, y su mirada desentrañando a través del repentino anochecer… ¿el final?

Cuando me dispongo a pagar, dejo que el dependiente, mi viejo amigo   Luis, le ponga el justo precio a cada libro, porque me temo, que en un futuro, rebuscando entre este montón de sobrevivientes: encontraré el que ahora escribo; y después de quejarse de la escases de lectores, mi amigo me dirá también: “Deme cincuenta pesos por el suyo, que con usted nunca pierdo”.


Marcos Cabrera  

Poeta, narrador, pintor y educador. Nació en Puerto Plata en 1981. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y magister en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Obtuvo el tercer lugar en el renglón Poesía y una tercera mención en el renglón  Cuento en el Certamen Regional para Talleres Literarios (2018). Es miembro del taller literario Ramón Francisco.