Abrió los ojos en la luna para sorpresa de la tripulación, que desde su aparición había hecho todo tipo de conjeturas. –De seguro es un amorfo, alguna especie superior que adopta la estructura física de aquello con lo que entra en contacto… –. Yo, en su lugar, la hubiese nombrado camaleón, y punto. Pero estos eran hombres de ciencia.

El asombro se tornó en desconcierto cuando le escucharon preguntar:

– ¿Dónde estoy?

¡Ella también era capaz de hablar su idioma! pensaron todos los tripulantes en  coro mental.

– ¿Ustedes quiénes son? ¿Dónde está Ernesto? – continuó la aparecida.

Al mencionar este nombre sus mejillas se ruborizaron nuevamente. Unos minutos atrás había sentido su corazón trepidante a punto de salir de su pecho, la sangre hervir en sus venas, sus rodillas aflojarse, perdida la noción de tiempo y de espacio.

– ¿De dónde provienes? – indagó el capitán.

–De Houston– contestó ella.

– ¿De la tierra?

–“Claro”– la voz de esta tomó un tono de extrañeza. 

–Entonces… ¿cómo llegaste hasta aquí, la luna, sin una nave? Y de hecho, ¿cómo entraste a la nuestra? – prosiguió este.

 Un tanto aturdida por las palabras luna, nave… le escucharon decir como  flotando:

– Lo último que recuerdo es estar de ojos cerrados, y… ¡ese beso de Ernesto!

La angustia la abrumará luego, cuando se entere de que la misión lunar en la que ha aparecido se tomará dos años en regresar a la tierra y que, para entonces, el que es el amor de su vida  estará loco o casado con otra.


Sobre el autor

Marcos Cabrera
Poeta, narrador, pintor y educador. Nació en Puerto Plata en 1981. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y magister en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Obtuvo el tercer lugar en el renglón Poesía y una tercera mención en el renglón  Cuento en el Certamen Regional para Talleres Literarios (2018). Es miembro del taller literario Ramón Francisco.